Sobre perros y gatos
¿Porqué todo tiene que ser tan difícil?
A veces, expresar lo que llevamos dentro, lo que queremos decir, lo que sentimos, lo que siempre hemos deseado contar, lo que sabemos que puede ser bueno, o a lo mejor no tan bueno para nosotros; todo puede ser difícil.
A veces, construir una frase puede llevarnos a un torbellino de ideas incompletas.
A veces, aunque sabemos lo que queremos, al igual que la miel atrae a las abejas, las fuerzas magnéticas pueden albergar sorpresas y donde creíamos que todo podría ser fácil, recibimos una fuerza de oposición que nos hará desistir de nuestro objetivo, no por falta de convicción, sino por la sorpresa que produce la reacción.
A veces, te das cuenta que has caido en un rol, te han encasillado, te han dado el papel de tu vida, enhorabuena, a lo mejor no lo mereces, pero lo has recibido, eres un perro o un gato.
Creo que coincidirás conmigo en que si encasillas a alguien te pierdes una faceta, si lo conviertes en gato, nunca sabrás como ladra.
A veces, las relaciones se convierten en eso, en la asignación de roles, pasamos a ser perros o gatos. Aunque quieras hablar, mostrar tu cariño, dar apoyo, tu compañero se convierte en opositor y sólo oirá tus ladridos. A más ladridos, mas erizado se pone el gato y enseñará las uñas en señal de ataque/defensa.
A veces debemos reaccionar y no poner collares, quitarnos las corazas, dejar atrás las mentiras y los errores. Que bonito sería no tener etiquetas en las relaciones, ¿y si todos fueramos gatos?, a lo mejor nos entenderíamos y sabríamos llegar a un punto de encuentro.
Pero no todo puede ser tan fácil, no, siempre tiene que haber un perro y un gato peleando sin saber porqué. Es la rutina genética del miedo, de la defensa natural de la superviciencia, del blanco y negro, del bien y el mal.
A veces me pregunto si es tan difícil llegar al acercamiento, a mí me gusta definir mi vida, dar un sentido estricto a todo lo que hago, en muchas ocasiones abogo por la uniformidad de sentimientos y me decanto por la monocromía, otras sin embargo deseo ser gris y fundirme en la dualidad de los sentimientos ajenos.
A veces es tan difícil...
A veces, expresar lo que llevamos dentro, lo que queremos decir, lo que sentimos, lo que siempre hemos deseado contar, lo que sabemos que puede ser bueno, o a lo mejor no tan bueno para nosotros; todo puede ser difícil.
A veces, construir una frase puede llevarnos a un torbellino de ideas incompletas.
A veces, aunque sabemos lo que queremos, al igual que la miel atrae a las abejas, las fuerzas magnéticas pueden albergar sorpresas y donde creíamos que todo podría ser fácil, recibimos una fuerza de oposición que nos hará desistir de nuestro objetivo, no por falta de convicción, sino por la sorpresa que produce la reacción.
A veces, te das cuenta que has caido en un rol, te han encasillado, te han dado el papel de tu vida, enhorabuena, a lo mejor no lo mereces, pero lo has recibido, eres un perro o un gato.
Creo que coincidirás conmigo en que si encasillas a alguien te pierdes una faceta, si lo conviertes en gato, nunca sabrás como ladra.
A veces, las relaciones se convierten en eso, en la asignación de roles, pasamos a ser perros o gatos. Aunque quieras hablar, mostrar tu cariño, dar apoyo, tu compañero se convierte en opositor y sólo oirá tus ladridos. A más ladridos, mas erizado se pone el gato y enseñará las uñas en señal de ataque/defensa.
A veces debemos reaccionar y no poner collares, quitarnos las corazas, dejar atrás las mentiras y los errores. Que bonito sería no tener etiquetas en las relaciones, ¿y si todos fueramos gatos?, a lo mejor nos entenderíamos y sabríamos llegar a un punto de encuentro.
Pero no todo puede ser tan fácil, no, siempre tiene que haber un perro y un gato peleando sin saber porqué. Es la rutina genética del miedo, de la defensa natural de la superviciencia, del blanco y negro, del bien y el mal.
A veces me pregunto si es tan difícil llegar al acercamiento, a mí me gusta definir mi vida, dar un sentido estricto a todo lo que hago, en muchas ocasiones abogo por la uniformidad de sentimientos y me decanto por la monocromía, otras sin embargo deseo ser gris y fundirme en la dualidad de los sentimientos ajenos.
A veces es tan difícil...
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